📱🧠 Pantallas en menores de 2 años podrían afectarlos a futuro

Un grupo de investigadores advirtió que la exposición a pantallas en niños menores de dos años puede provocar una toma de decisiones más lenta y mayor ansiedad durante la adolescencia, de acuerdo con un estudio realizado por la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación (A*STAR) de Singapur.

El análisis, publicado en la revista científica eBioMedicine, señaló que el uso temprano de dispositivos electrónicos podría generar consecuencias duraderas en el desarrollo cerebral y emocional. Los hallazgos refuerzan las advertencias de especialistas sobre la necesidad de limitar el tiempo frente a pantallas en los primeros años de vida, una etapa clave para el desarrollo del cerebro infantil 👶.

⚡ Maduración cerebral acelerada por estimulación intensa

Según el estudio, los niños con mayor exposición temprana a pantallas mostraron una maduración acelerada de las redes cerebrales vinculadas al procesamiento visual y al control cognitivo.

Este fenómeno estaría relacionado con la estimulación sensorial intensa que ofrecen las pantallas, como colores brillantes, sonidos constantes y cambios rápidos de imagen 🎨🔊.

El primer autor del estudio, el doctor Huang Pei, explicó que esta maduración prematura ocurre cuando ciertas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido en respuesta a estímulos intensos. En un desarrollo típico, estas redes se especializan de forma gradual, permitiendo conexiones más eficientes para el pensamiento complejo.

⏳ ¿Qué ocurre con niños mayores de tres años?

Uno de los hallazgos más relevantes fue que el tiempo de pantalla a los tres y cuatro años no produjo los mismos efectos. Esto subraya que los primeros dos años de vida son un periodo crítico para el desarrollo cerebral.

En los niños con alta exposición temprana, las redes cerebrales relacionadas con la visión y la cognición se especializaron de forma prematura, antes de que el cerebro desarrollara plenamente la flexibilidad y resiliencia necesarias para afrontar situaciones complejas en etapas posteriores.

😟 Decisiones más lentas y mayor ansiedad en la adolescencia

Las consecuencias de esta exposición temprana se observaron a largo plazo. A los 8.5 años, los niños con redes cerebrales alteradas tardaban más en tomar decisiones durante tareas cognitivas, lo que sugiere una menor eficiencia mental.

A los 13 años, estos mismos participantes reportaron mayores síntomas de ansiedad, lo que indica que el impacto del uso de pantallas en la primera infancia puede extenderse hasta la adolescencia.

📊 Un estudio con más de una década de seguimiento

La investigación analizó datos de 168 niños de la cohorte Creciendo en Singapur Hacia Resultados Saludables, quienes fueron seguidos durante más de 10 años. Se realizaron estudios de imágenes cerebrales a los 4.5, 6 y 7.5 años, lo que permitió observar la evolución de las redes cerebrales a lo largo del tiempo.

Este enfoque longitudinal fortaleció los resultados, al vincular la exposición temprana a pantallas con cambios cerebrales y conductuales posteriores.

📚 La lectura compartida, una alternativa positiva

Los investigadores destacaron que un estudio previo, publicado en 2024 en Psychological Medicine, reveló que la lectura compartida entre padres e hijos puede mitigar algunos efectos negativos del tiempo frente a pantallas.

En niños cuyos padres les leían con frecuencia a los tres años, la relación entre el uso de pantallas y el desarrollo cerebral alterado se redujo de forma significativa. La lectura fomenta la interacción, el lenguaje y el vínculo emocional, aspectos que el consumo pasivo de pantallas no ofrece ❤️.

👨‍👩‍👧 Importancia del acompañamiento parental

El investigador principal, Tan Ai Peng, científico clínico de la Universidad Nacional de Singapur e IHDP A*STAR, subrayó que el estudio aporta una base biológica clara sobre la importancia de limitar el uso de pantallas en menores de dos años.

Además, destacó que la participación activa de los padres, a través de actividades como leer juntos, puede marcar una diferencia significativa en el desarrollo cerebral y emocional de los niños.

El estudio se realizó en colaboración con el Hospital Universitario Nacional de Singapur, el Hospital de Mujeres y Niños KK y la Universidad McGill de Canadá.